Caminaba. Despacio, como siempre.
No podía recordar cómo o cuando había llegado allí.
Si ahora mismo estubiera en aquel lugar, sabría que no es real. Ahora lo sabría, pero entonces no.
Recuerdo el túnel, si es que realmente era un túnel. No tenía un suelo propiamente dicho. Podría decirse que era cilíndrico, pero no sería totalmente cierto, porque si el túnel encajaba con alguna definición, ésta sería la de "irregular".
Podías ver, más bien podías sentir, que no había sido "hecho", no al menos pr la mano del hombre. Las paredes eran completamente rojas, pero no de un color uniforme, sino que aquí y allá se tenía con otros colores, como si al construirlas hubieran utilizado como material el sucio desperdicio de la paleta de un pintor, que hubiera rechazado una mezcla antes incluso de terminarla.
También podía sentir que no eran firmes, sino que, aún sin llegar a tocarlas, sabía que se undirían a la presión de mis dedos.
Poco a poco, lo que había nacido como un fugaz pensamiento se convirtió en deseo, y quise tocar las paredes. Más aún, quise fundirme con ellas. Pero algo en mi interior me decía que no debía hacerlo.
Así pues, como no había nada más que hacer, decidí seguir caminando, y caminaba como siempre, despacio, sin dejar traslucir la tensión que poco a poco se apoderaba de mí.
No tubo que pasar mucho tiempo hasta que comprendí que no habría salida en aquel túnel, pues daba la sensación que éste se materializaba con cada paso que yo daba, y seguiría haciendolo por siempre.
Pero no podía rendirme.
El deseo de fundirme con el túnel era cada vez mayor. Era, en gran parte, un deseo sexual.
Poco a poco, el túnel fué reduciendo su tamaño, y pronto tube que andar arrodiyado. Entonces ocurrió algo que no esperaba: las paredes, el techo e incluso el suelo empezaron a derretirse y caer sobre mí desde todas las direcciones.
Ahora sabía algo más, fuera lo que fuera aquél tunel, era más poderoso que la propia gravedad.
Allí nada era como las cosas deberían ser, pero yo no me extrañaba. Aún no alcanzo a comprender porqué.
Al final me rendí.
Quizás podría haber aguantado más, pero el deseo era a esas alturas insoportable. Me fundí con el túnel, y a pesar de lo que esperaba, no sentí ni dolor ni miedo.
Sentí vértigo.
Una extraña fuerza se había apoderado de mi cuerpo y me hacía girar una y otra vez sobre mi propio vientre. Luego todo se oscureció y cambió. Y mi cuerpo tambiénc ambió.
Ahora no entiendo donde estoy, ni sé qué he de hacer para volver a ser quien fuí. Me tienen retenido y sobre mí han echado una extraña maldición, pues soy incapaz de hablar.
-Arturo!... Arturo? Ven aquí chiquitín. Te he traido esa comida que tanto te gusta.
Ahora ni siquiera ELLA puede entenderme, aunque grite una y otra vez que yo no soy un gato.
-Maaaaoow! Maaaaaoow!