domingo, 23 de marzo de 2008

Cuando ascendí a la cumbre del volcan, me rodeba un paisaje que dificilmente podrás imaginar si nunca lo has visto.

Ya nada parecía real.

Un extraño y desagradable olor inundaba el ambiente, el azufre.

Reinaba el silencio.

Aunque no era silencio lo que yo oía, pues es mis oidos resonaba el viento con fuerza.

Un viento helado que quemaba mi piel.

Pronto el dolor se hizo insoportable en mis manos y orejas. Pero lo peor aun estaba por llegar, pues conforme recobraba calor, el dolor se hacía mas intenso.



Y desde allí pude verlo todo.

Durante un instante pensé, que si miraba bien, podría llegar a ver mi pasado, mi presente y mi futuro.

Desde allí pude comprender como el volcán era dueño y señor de todo cuanto nos rodeaba, y como el mundo, nosotros incluidos, estaba a su merced, dispuesto a ser modificado bajo su voluntad.

Como lo lleva siendo desde hace siglos.



Publicado por Rosa_vanidosa @ 1:09  | Experiencias
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Publicado por Mery
domingo, 23 de marzo de 2008 | 23:10
Al fin!

El último texto de hoy!

No me lo puedo de creer! xD

En fin, qué decir sobre el Teide... pues que si a mi ya me cuesta subir la cuesta del Alcampo... escalar una montaña... ni te cuento...


PD: Dime que no he sido la única que cuando ha leído lo del azufre se ha acordado de Asno y Shrek... x'DDDDDDDDDDD
Publicado por Cucaracha
domingo, 23 de marzo de 2008 | 23:56
A mi un volcán siempre me ha parecido un pezón... y si está activo, un pezón de madre lactante, echando leche calentita... hehehe.

Teide, bonito pezón.
Publicado por Almu
lunes, 21 de abril de 2008 | 21:19
Sobrecogedor. Lo mismo se trata de la misma materialización palpitante del corazón de las tierras canarias.
Me encantaría subir allí, ¡gracias por compartirlo con estas preciosas fotos!